BIBLIOTECA PALAFOXIANA

México es uno de los países con amplia tradición cultural Reflejo de ello son las bibliotecas novohispanas que surgieron con dos finalidades: tener disponible información sobre las culturas prehispánicas e introducir los conocimientos importados de Europa. A pesar de que este proceso fue paulatino, en la Nueva España proliferaron estos lugares gracias a la labor clerical. El primer libro que llegó a este territorio fue un breviario que traía uno de los Jerónimo de Aguilar, quien fue uno de los intérpretes de Hernán Cortés.

Puebla fue una de las ciudaddes con más actividad comercial y social de la Nueva España, a tal grado que por momentos compitió con la Ciudad de México por la hegemonía durante el periodo virreynal. Su posición georáfica permitó el intercambio de mercancías e ideas provenientes de diferentes partes del Imperio Español. En esta ciudad se edificó la Biblioteca Palafoxiana, uno de los acervos bibliográficos más importantes y que hoy forma parte del programa Memoria del Mundo de la UNESCO.

El obispo de Puebla Juan de Palafox y Mendoza ordenó en 1646 la creación de un espacio bibliográfico con la condición de que cualquier persona tuviera libre acceso para su consulta. Este atributo la distinguió del resto de las bibliotecas novohispanas que daban acceso limitado a sus acervos. Tras su fundación se estableció un conjunto de normas sobre el uso de libros, horarios de atención, preparación de los bibliotecarios, conservación del acervo y sanciones en caso de infringir las reglas. Uno de los castigos más severos consistía en la excomunión en caso de que un libro fuera sustraido.

Antes de partir a España, Palafox aportó dinero para que la biblioteca se renovara con la adquisición de novedades editoriales. Manuel Fernandez de Santa Cruz donó libros que se integraron al acervo. Francisco Fabián y Fuero también intervino al incorporar las bibliotecas jesuitas después de su expulsión de la Nueva España en 1767. Con la desamortización de los bienes eclesiásticos la biblioteca cerró sus puertas, cesando su actividad en la difusión de la cultura.

En 1981 fue declarado por el gobierno mexicano como Monumento Histórico Nacional. En 1999 la ciudad de Puebla sufrió un terremoto que daño parte de la estructura de la biblioteca, lo que hizo necesario un proyecto de rescate en el que participaron el Instituto Nacional de Antropología e Historia,  la Fundación Alfredo Harp Helú, Adabi de México, World Monuments Fund y Fomento Cultural Banamex. En abril de 2005 volvió a abrir sus puertas al público tras el proceso de restauración.

El acervo bibliográfico refleja una visión universalista, ya que abarca diversos temas que como Teología, Derecho, Historia, Geografia, Matemáticas, Biología, entre otros, los cuales están plasmados en lenguas como latín, griego, árabe, hebreo, in glés, alemán, portugués y otros idiomas. En total la biblioteca tiene a su resguardo 45058 libros, 5348 manuscritos, 9 incunables, 7 impresos mexicanos y 2000 impresos sueltos.

Entre los libros más importantes están los incunables, de los cuales el más antiguo es la Historia, de Herodoto, el cual fue impreso en 1473. El segundo más antugo es la Ciudad de Dios, de San Agustín. Otros libros de gran importancia con la Crónica de Aragón y la Cronica de Nurenberg, cuyos grabados están iluminados a mano. Otras obras como DeHumani Corporis Fabrica, El Quijote de la Mancha y Monarquía Indiana forman parte de esta biblioteca.

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